Las FARC en el peor momento de su historia

Después de cuatro años de ejercicio de la Política de Seguridad Democrática y de la implementación de la Política de Consolidación de la Seguridad Democrática a partir del 2006, no cabe duda de que el 2007 y el 2008 son hasta ahora los dos peores años en la historia de las FARC.

Para comprender integralmente la situación actual de esta organización, es necesario considerar las tres dimensiones fundamentales que constituyen su “proyecto revolucionario”: la dimensión política, la dimensión militar y la dimensión internacional. Estos tres factores están estrechamente relacionados y son mutuamente interdependientes.

En cada uno de estos ámbitos, las diferentes estructuras de las FARC deben combinar acciones y esfuerzos en torno a un gran objetivo final, que es la toma del poder político nacional a través de las armas, con el reconocimiento y aceptación de la comunidad internacional.

En este sentido, atendiendo a la premisa histórica de que ninguna insurgencia es viable sin un masivo respaldo popular, el esfuerzo político de las FARC tiene como objetivo construir, mantener y expandir bases de apoyo popular.

Estas bases serían el sustento de las estructuras armadas, al convertirse en fuente de aprovisionamiento logístico, refugio, reclutamiento e inteligencia, y, además, el elemento fundamental del movimiento político que apalanque y respalde la toma y ejercicio del poder.

En el plano militar, el objetivo es el de usar la violencia como medio para alcanzar control territorial que le permita establecer bases seguras. De esta manera, primero se busca un control militar que da paso a la posibilidad de influir y, eventualmente, de tomarse el poder político local y desarrollar de esta manera su proyecto político. A partir de estas bases, se da el proceso de expansión que debe culminar con el control nacional.

En su VII Conferencia, en 1982, las FARC establecieron su plan estratégico alrededor de un gran objetivo: la toma de Bogotá. Para esto, el plan determinaba que las estructuras militares deberían multiplicarse, asentarse y eventualmente controlar la cordillera Oriental de Colombia (donde se encuentra Bogotá) con el fin de aislar esta zona del resto del país e ir estrechando el cerco sobre la capital del país. Todas las actividades de carácter militar de las FARC estuvieron desde entonces en función de este objetivo.

En la misma década del ochenta, esta organización tomó otra importante decisión que marcaría un nuevo rumbo en el desarrollo de sus planes: involucrarse en el negocio del narcotráfico, que en pocos años se convirtió en la principal fuente de financiamiento para todas sus actividades.

Las FARC terminaron transformándose en un gran cartel de las drogas, decisión que trajo consigo el uso del terrorismo como herramienta de presión política a través de la intimidación de la sociedad y la pérdida de sus valores y orientaciones políticas.

Finalmente, en el plano internacional el esfuerzo está encaminado a realizar actividades de tipo político y de comunicaciones, con el fin de generar simpatía y aceptación de la comunidad internacional por el proyecto rebelde, con el ánimo de que esta aceptación se convierta en un reconocimiento político que asegure la legitimidad una vez se hayan tomado el poder.

Éste ha sido el plan de las FARC, la estrategia que han intentado implementar a través de los años y que hoy, más que nunca, están muy lejos de hacer realidad.

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