Un grupo de por lo menos siete personas de cuatro nacionalidades estrían implicados en los secuestros de Eduardo García Valseca, Diego Fernández de Cevallos, Carlos Xavier Araiza Torres, Mónica Jurado Maycotte y los registrados en la última década en San Miguel de Allende, Guanajuato, según pesquisas federales y estatales.

El 30 de mayo pasado fue detenido uno de los presuntos líderes, Raúl Escobar Poblete "El Comandante Emilio", integrante del grupo armado chileno Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) y acusado de asesinar en 1991 al Senador e ideólogo pinochetista Jaime Guzmán.

Investigadores del caso indicaron que la mayoría de las víctimas de la banda delictiva que lideraba Escobar Poblete tenían un hábito en común: frecuentar el Club de Golf Ventanas de San Miguel.

Desde el plagio de Eduardo García Valseca, el 13 de junio de 2007, hasta el último que cometieron de una ciudadana franco-estadounidense, las autoridades detectaron otros patrones que se repetían en la mayoría de los 8 secuestros de los que tuvieron reporte.

Uno de ellos es que no usaban los teléfonos, todo el proceso de negociación era a través de anuncios de periódico o mensajes entregados directamente por correspondencia o por taxistas.

Sólo en el último de los secuestros hubo negociación telefónica y sólo en uno de los casos emplearon un correo electrónico.

La gente de Escobar Poblete nunca cobraba sus rescates en pesos, únicamente aceptaban dólares en billetes de 100. Hubo un solo plagio que cobraron en euros y pesos.

Aunque "El Comandante Emilio" adquirió el "know how" en la guerrilla -se informó que fue entrenado en Cuba-, sus secuestros en la zona del Bajío nada tenían que ver con causas políticas o ideológicas, aunque trató de desviar la atención con este aspecto.

Algunas víctimas han referido que durante su cautiverio escucharon música con temas revolucionarios y de grupos armados, aunque los investigadores consideran que lo anterior tenía el propósito de que la autoridad vincularan los secuestros con guerrillas locales.

A más de una víctima le dieron a leer "El hombre en busca de sentido", un libro de Víktor Emil Frankl que narra el drama del campo de concentración de Auschwitz.

Según los datos proporcionados, a los hombres secuestrados no les proporcionaban rastrillos y dejaban que les creciera la barba; en un principio también dejaban que se deshidrataran para tomarles fotos que luego enviaban a sus familiares como método de presión.

Antes de recibir sus alimentos, debían colocarse una especie de capucha en la cabeza para no visualizar al plagiario. El confinamiento era una especie de pileta de concreto.

Varios de los secuestros se cometieron entre abril y junio, y las liberaciones ocurrieron antes del 24 de diciembre. El cautiverio duraba en promedio entre 7 y 8 meses, aunque uno de ellos fue de un año con un mes.

Algunos de los secuestrados que pasaron la Navidad en cautiverio informaron a las autoridades que en la Nochebuena y Año Nuevo sus victimarios les ofrecieron de cenar bacalao a la vizcaína y comida española.

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